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SALUD, CULTURA E INNOVACIÓN PÚBLICA.

Por Omar Cid M.


Le arrancan los ojos a una mujer en Coyhaique. Un hombre se lanza desnudo a una jaula de leones en un zoológico. Un anciano muere en un incendio provocado por una bomba molotov. ¿Cuál es la explicacióninstantánea para estos hechos?: los causantes de estas atrocidades son unos locos, salvajes, trastornados.

Cuando buscamos más explicaciones nos encontramos con datos como que Chile ocupa el cuarto lugar como país en Latinoamérica y el Caribe en cantidad de femicidios (siendo superado sólo por Perú, República Dominicana y Colombia), siendo el caso de Coyhaique uno de entre muchos en donde mujeres son atacadas por sus parejas. Nos encontramos también con que el hombre del zoológico no es la primera persona con un diagnóstico psiquiátrico que se autoinflinge daño, y, menos aún, la primera persona proveniente de un contexto social vulnerable-no olvidar que pasó su niñez en el infierno de SENAME- que comete este tipo de actos.  Y nos encontramos también con que el incendio en Valparaíso no es el primer ataque violento que expresan las turbas en un país en donde se espera que con más violencia se sofoque este tipo de desmanes (informe entregado por Amnistía Internacional), ataque en el que además muere un anciano con 71 años, que trabajaba para complementar su pensión.

Es esperable que la inercia cultural de fondo facilite que el segundo caso quizás sufra la condena de la justicia por su crimen y además sea castigado por sus compañeros en cárceles atestadas por ser “poco hombre”. Por otro lado  seguiremos sumando días de vida de niños y niñas desamparados en un sistema que no los protege y menos los desarrolla, y además  reproduce la violencia de la que los pretende aislar. Y por último ¿qué autoridad puede enfrentar y detener a los antisociales y erguirse desde su propio ejemplo, sin ejercer una violencia sofisticada y no televisada?: estos últimos son pocos.

La OMS define la salud como “estado completo de bienestar físico, mental y social que tiene una persona”.Entonces, no es sólo la ausencia de enfermedad; tampoco se refiere solo al ámbito físico, sino que lo amplía a lo social, pues ahí reside buena parte de los factores protectores de la salud de una comunidad. Cabe destacar el término  “bienestar” como un estado de plenitud para disfrutar la existencia y también para contribuir a la sociedad de la que se es parte.

Somos un país en transición en la salud de su población. Al mismo tiempo que sufrimos enfermedades de país subdesarrollado, padecemos cada vez más enfermedades de un país desarrollado (accidentes cardiovasculares, cáncer o depresión), y la tendencia será que nuestras afecciones estarán más asociadas a nuestros estilos de vida que a la infección por agentes patógenos. Es decir, es más probable morir de un paro cardiaco que de una diarrea, de soledad que del virus zika.

Entonces lo cultural comienza a tomar relevancia y se expresa por ejemplo, en los infartos y accidentes vasculares que están asociados al sedentarismo y la mala alimentación; se expresa en la morbilidad y mortalidad por cáncer que aumentan a medida que bajan los años de escolaridad de la población; o en la depresión en jóvenes y adolescentes la que se convierte en una de las principales causas de suicidio o muerte por traumatismo (Chile ostenta una de las tasas más altas a nivel global). Enfermedades silenciosas que si no son atendidas con anticipación emergen sin cura; letales.

La atención de salud posee una especial cobertura hacia las mujeres, lo que se puede explicar debido a que en mayor cantidad es la mujer la que va a los centros asistenciales. En cambio es posible evidenciar una mayor prevalencia respecto a suicidios, ataques cardíacos y muertes por cáncer que se encuentran en la población de varones. Culturalmente podría deberse a la creencia arraigada de los hombres a “ser fuertes” y no ver necesidad de “ir al médico”. El sistema de salud los tiene fuera de su alcance, y sólo saben de ellos cuando llegan a “morir sin dolor” o lisamente ya fallecidos. Incluso la esperanza de vida de los hombres en Chile es de 6 años menos que el de las mujeres y esto se explicaría hasta ahora sólo porque son hombres. La violencia de género cobra víctimas entre los victimarios, silenciosamente, al mismo tiempo que se reproduce.

La generación de políticas y acciones para modificar estilos de vida ya no se enfrenta a bacterias, sino más bien a patrones culturales arraigados, invisibles y transmitidos de generación en generación. Nuestra gente se enferma en los contextos sociales, culturales, en los que nace y habita sin saberlo: discriminación, desigualdad, bajo acceso a educación, sexismo, desintegración social y atomización. Propendemos a vivir con una baja calidad de vida y hasta morir antes de lo esperado, más aún si vivimos demasiado tiempo en la pobreza material y social.

Cobra relevancia un punto en la definición de salud de la OMS en donde se incluye el bienestar con un carácter social. Social, porque la calidad y cobertura de los servicios de acceso público (no sólo de atención de salud), la integración social, la participación directa en la modificación de los factores que influyen en la calidad de vida de la ciudadanía facilita que podamos contar con personas más sanas, felices, más productivas, y que no las perdamos antes por algo que no hicimos. Podríamos tener un sociedad con mayor bienestar, más productiva (por lo tanto más rica) y más pacífica.

¿Cómo podemos influir en la cultura, en nuestros estilos de vida, en los profundos paradigmas que nos enferman y dañan?

Una posibilidad es innovar, es decir crear y recrearnos para quitarnos este dolor compartido que nos acecha. Innovar primero en generar nuevos o mejorados servicios públicos, nuevos productos para nuestra gente. Pero esto no es suficiente: tenemos que innovar aún más allá instalando nuevas prácticas sociales, desarrollando nuevos modelos de organizaciones y comunidad, facilitando integraciones entre las personas en lo público, lo privado y social, impactando directamente en el bienestar de las comunidades, en su salud.

Inventar, co-crear, desarrollar la sociedad de la que queremos ser parte en los finos hilos que nos conectan, en las condiciones y cultura en donde nacen y crecen las personas, más allá de las puertas de los hospitales, con la ambición de provocar un alto impacto en los estilos de vida, en los patrones profundos que guían los comportamientos y las conductas.

Suscitando contextos culturales que trasciendan y superen la creencia de lo que estamos predestinados a vivir de cierta forma que permita que las personas tengan mayor control sobre las variables que influyen en su salud integral. Así tendremos personas más plenas, más productivas en nuestra sociedad y que significan además un menor esfuerzo general para darles atención de salud, dado que es más económico, para todos, cambiar el estilo de vida o desplazar el machismo que ser atendido en un hospital cuando el daño ya está hecho.  Contribuir a una expansión de nuestra cultura, dar un salto en su inercia a una más saludable.

Lograr, en algún momento, confundir nuestro estado de salud con la pertenencia social y la confianza, y que deje en lo absolutamente excepcional la agresión a una persona por el sólo hecho de ser mujer, que todos los niños y niñas crezcan lejos de nuestra violencia histórica, y que podamos decidir participativamente nuestro futuro sin usar torturas ni bombas para argumentar. Innovar para que incluso, dejemos de tener animales enjaulados en zoológicos para educar a las personas sobre la maravilla de la vida.

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