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MEJORES CIUDADES, MÁS BOSQUES.

Actualizado: 4 de jun de 2019

Por Omar Cid M.


Nosotros, la humanidad como especie, hemos pasado más del 96% de nuestro tiempo en la tierra como nómades, en pequeños grupos andando de allí para allá, buscando alimento y protección, eso lo hemos hecho por decenas de miles de años, y hace sólo unos 12 mil años y en algunas partes del planeta, hemos creamos las primeras ciudades.

Es necesario puntualizar que en esta deriva nómade hemos extinguido más del 70% de las especies de aves y mamíferos, como por ejemplo el Mamut, el Milodón, el pájaro Dodo y el caballo americano; pero en este ámbito lo peor estaba por venir.

Las ciudades derivan de otro invento: la agricultura. Esta actividad humana permitió que los alimentos los multiplicáramos, pero tuvimos que hacernos sedentarios, para cuidarlos y mientras eso hacíamos, inventamos ejércitos, reyes y magos, estos últimos nos interpretaban las estrellas para saber como serían las cosechas. Estas castas no necesitan cazar o cultivar el campo para alimentarse o vestirse. Hoy en día una minoría en el mundo se dedica a la agricultura y la mayoría de las personas se dedican a cualquier otra actividad para “ganarse el pan”.

Desde ese momento, y hasta unas pocas décadas atrás, la humanidad ha vivido la mayor parte de su tiempo en el “campo”, en la naturaleza y una minoría muy pequeña en ciudades. Esto también ha cambiado radicalmente.

Desde hace miles de años en las ciudades, y no en otro lado, nacieron la rueda, la escritura, las artes, la democracia, la filosofía, los acueductos, la industria, la revolución, las vacunas, la república y la permanente innovación. La ciudad definida como una “aglomeración organizada en que una parte notable de la población no se dedica a actividades agrícolas”, es donde somos más productivos, se ha calculado que en las ciudades de más de un millón de habitantes somos un 50% más productivos.

Eso ocurre desde hace siglos por un fenómeno llamado innovación y que es más probable cuando estamos juntos y conectados que alejados unos de otros, porque en las ciudades se facilita la interacción cara a cara, lo que reduce una maldición humana que viene desde la antigua “torre de babel” que es la complejidad comunicativa. A nosotros los seres humanos se nos hace más fácil tomar la idea de una persona que tiene otro idioma o cultura si estamos juntos, podemos traducir, comprender más rápidamente.

De esa interacción hemos logrado captar ideas complejas como el alfabeto, la navegación, el algebra, la pólvora, el acero, etc., y es clave para explicar el crecimiento sostenido de los viajes en avión de miles de kilómetros, a pesar de que ahora podemos realizar teleconferencias. También explica porque algunas ciudades han perdurado en la historia como íconos de los avances de la humanidad dado que lograron desarrollar estas interacciones entre personas de diferentes culturas y orígenes.

También nos explica porque las citas de patentes están geográficamente próximas entre si, o que la productividad de una empresa es mayor si esta cerca de centro geográfico de la innovación de la industria a la que pertenece, o el éxito de los “Silicon Valley” de algunas ciudades, esta dado porque estamos próximos y podemos conversar.

Es tan fuerte esta capacidad de las ciudades que ellas no tienen pobres, los atraen. La pobreza de las ciudades existe porque llegan a ellas los más vulnerables dado que saben que en ellas tienen mayores posibilidades de subsistir, salir adelante y que hay más posibilidades para sus hijas e hijos. Hay una correlación entre el aumento de la proporción de la población urbana y la riqueza promedio, por ejemplo, si aumenta un 10% y el incremento del rendimiento per cápita es de un 30%.

Otro fenómeno que es que trabajando juntos podemos observar otras ideas y provocar encuentros casuales, en donde conversando un café por ejemplo, surgen ideas innovadoras como la locomotora de Watt, el electromagnetismo o la idea de la separación de los poderes del estado.

Además, la esperanza de vida aumenta con la densidad de la población, nos declaramos más felices y tenemos más oportunidades de acceder a una mejor calidad de vida, es decir a una mejor salud. Eso hace que es en las ciudades en donde podemos disfrutar más de la vida y además ser más productivos.

Y una tercera ventaja de tener buenas ciudades y prosperas, es que aumentando la densidad de nuestro habitar el gasto de energía es menor, nuestra huella de carbono disminuye ostensiblemente, en comparación si es que la mayoría viviera desperdigada en las áreas rurales, gastando energía en trasladarse, en construir vehículos para ese fin y más aún para pavimentar carreteras para esos viajes diarios.  De ahí que es mucho más sostenible para la vida en el planeta y la biodiversidad que viajemos en ascensores y no en automóviles, aunque sean eléctricos.

Uno de los logros de las ciudades es la salubridad y las vacunas, con ello la población mundial de seres humanos se ha multiplicado aceleradamente en los últimos dos siglos, de esa forma fuimos invadiendo, con velocidad creciente, espacios nuevos; expulsando o derechamente exterminando a otras especies  

En los últimos 44 años lo peor de nuestro “éxito” como especie es que hemos hecho desaparecer más del 60% de los animales salvajes del planeta, el daño es de una escala global y es indescriptible. Junto con lo anterior la sola presencia humana en áreas rurales o silvestres provoca la huida y los cambios de hábitos de muchas especies que hemos relegado a parques y reservas. Y una de las soluciones, a esta fuerza aniquiladora de nuestra especie, son las ciudades.

Si, porque en las ciudades podemos lograr concentrarnos para vivir mejor y prósperamente, con un requerimiento de recursos naturales mucho menor, porque necesitaremos menos cosas, menos fábricas, menos alimentos, sin afectar nuestra calidad de vida, incluso mejorándola, y con una gran consecuencia potencial que es que logremos retirarnos de las áreas silvestres como especie invasora, ampliando las áreas de reservas naturales, sin afectar el acceso a ciertas áreas para conocer y pasear, pero reintegrando espacio a otros seres vivos con los cuales compartimos el planeta, y que además dependemos.

Hoy en día más del 54% de la población mundial vive en ciudades, en Latino América la tasa es aún mayor superior al 75% y eso va a aumentar, lo que podría ser muy bueno para nosotros y la biodiversidad. 

Las ciudades latinoamericanas tienen una historia reciente y veloz de crecimiento y concentración en comparación con el resto del mundo, pero nuestras deficientes democracias y el mal diseño para absorber esta migración – de campo a la ciudad- ha provocado que nuestras ciudades sean menos integradas y que la esperanza de muchas personas, en situación de pobreza, se vea más limitada que en otras partes del mundo más democráticas.

Y al mismo tiempo tenemos aún muchas áreas silvestres, dañadas pero que existen, y son una gran oportunidad global para generar soluciones en nuestras ciudades que faciliten aumentar nuestra calidad de vida y contribuir inmensamente a la protección de la vida de otras especies.

Si logramos hacer ciudades más inteligentes, podremos ser más prósperos, más saludables y adicionalmente más ecológicos.

De ahí que, a mejores ciudades, más bosques.

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